¿NOS SIGUEN SACANDO VENTAJA? LA “NUEVA DERECHA” EN CHILE
¿NOS SIGUEN SACANDO VENTAJA? LA “NUEVA DERECHA” EN CHILE

Escrito por: Miguel E. Santillana

En una reciente visita a Santiago me di con la sorpresa de que se debatía arduamente la gestación de una “Nueva Derecha”. Se acusaban a los “nuevos” de traiciones al glorioso Comandante General y a la Santa Iglesia Católica, baluartes del “Chile de hoy”.

Este debate resulta curioso para los peruanos pues aquí nadie quiere ser identificado de “derecha” desde el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada (1968-1980), ni siquiera el jubilado banquero Dionisio Romero. Menos PPK y su variopinto combo, que ayer lanzó su candidatura por todo lo alto en el Mega Plaza en olor a …una nueva clase empresarial que está en busca de una representación política como lo ha identificado Rolando Arellano en su reciente libro “Al Medio hay sitio”.

La discusión sobre la “nueva derecha” en Chile surgió de las declaraciones del Ministro del Interior Rodrigo Hinzpeter, miembro del partido Renovación Nacional, en el marco de una entrevista con revista Capital.

Chile es gobernado por Sebastián Piñera que fue seleccionado como candidato presidencial por la “Coalición por el Cambio”, una sociedad entre los dos grandes partidos de derecha, la Unión Demócrata Independiente (UDI) y Renovación Nacional (RN). Los de la UDI se consideran los herederos del legado de Augusto Pinochet y varios de sus altos dirigentes pertenecen al Opus Dei (por ejemplo el dos veces candidato presidencial, Joaquín Lavín), por lo que son opuestos al divorcio, al aborto, el condón, el matrimonio gay, etc. Con el tiempo han girado hacia una suerte de conservadurismo popular siendo el partido más grande y mejor organizado de Chile. Renovación Nacional, el partido del Presidente Piñera, es el partido más liberal de la coalición gobernante. Sin embargo, en las últimas elecciones internas fue electo como presidente del partido, Carlos Larraín, el representante de la falange conservadora de RN.

Para el lector más informado le debe quedar claro que lo que se está discutiendo en Chile no tiene nada que ver con el movimiento fundado por Alain de Benoist y Jacques Champetier, autores del Manifiesto: La Nueva Derecha del año 2000. Estos intelectuales franceses utilizan la estrategia propuesta por Antonio Gramsci: el cambio cultural debe preceder cualquier cambio político-social. Reconocen la influencia de los intelectuales asociados con la “Revolución Conservadora” que aparecieron durante el periodo de Weimar-Alemania (1919-1933).

Parten de una crítica profunda a la cultura occidental y la modernidad, al cristianismo y sus versiones seculares: el marxismo y el liberalismo. Benoist y Champetier proponen la necesidad del retorno a las “raíces paganas” (mundo plural y múltiple) para contrarrestar a la influencia de la metafísica cristiana. La dicotomía de la izquierda y la derecha puede ser trascendida criticando al sistema dominante de igualitarismo liberal, materialismo capitalista, e individualismo consumista estilo norteamericano. Celebran la diversidad y la diferencia étnica de Europa, que debe ser defendida contra el imperialismo cultural, la globalización y la inmigración masiva.

En Chile, lo que sucede es que la “Nueva Derecha” se contrapone a la antigua derecha terrateniente, oligárquica, sin doctrina propia, que defendía intereses antes que posiciones. La “Nueva Derecha” se funda sobre la ética del poder y para ello tiene que desligarse de su pasado pinochetista y la santa madre Iglesia, formando un movimiento con vocación de mayorías.
Para el analista Marcelo Brunet la “Nueva Derecha” chilena se define por ser:

1) Un movimiento basado en la dignidad humana. Como consecuencia de esto, un movimiento que no tiene miramientos en fomentar la cultura de los derechos humanos y condenar sus trasgresiones, sea que éstas se produjeran en Chile durante el gobierno militar o en Cuba o China.

2) Un movimiento políticamente laico. No es que sus miembros sean necesariamente agnósticos o ateos: simplemente, aceptan la idea de separación de iglesias y Estado en forma correcta.

3) Un movimiento sustentado en la movilidad social. En la lógica del emprendimiento por sobre la del igualitarismo. Basada en la supremacía de la meritocracia por sobre la pretensión de la uniformidad igualitaria estatista.

4) Un movimiento con vocación de mayorías. Esta nueva generación de derechas no tiene los complejos de sus antecesoras: no es un movimiento de cuadros, de defensa de interés. Ni siquiera es concebible como un movimiento meramente electoral: la nueva derecha está llamada a ser un movimiento social, que altere esa errada percepción de que Chile es un país ideológicamente de izquierdas.

A diferencia de la Concertación, que se construyó como oposición al pinochetismo, la actual derecha gobernante en Chile no es una mera reacción a la Concertación sino una doctrina moderna.

En el Perú la derecha no ha ganado unas elecciones desde 1980. A partir de ahí se ha dedicado a comprarse al ganador de turno, no importando el discurso que lo llevó al poder (la teoría del “puntero mentiroso”: enamora por la izquierda y patea con la derecha). Su última manifestación ideológico-política fue la candidatura de MVLl y los jóvenes liberales que lo apoyaron se reciclaron rápidamente en el fujimorismo y el pragmatismo de los negocios. Hoy ningún candidato de derecha se atreve a reconocerse como tal: Keiko Fujimori, Luis Castañeda, Alejandro Toledo, PPK, Mercedes Araoz; jamás admitirán que son candidatos de la “derecha” pues siguen representando la forma de gobernar previa al “velascato”: gobernar para los grupos de influencia, sin transparencia y sin visión del conjunto. De la boca para afuera se claman liberales y modernos, pero son incapaces de respetar la institucionalidad, destetarse de la Iglesia Católica y reconocer que hay nuevos actores fruto del modelo económico: nuevos grupos empresariales y el surgimiento de clases medias, en especial en provincias. Ya no basta recorrer pueblos jóvenes, besar paisanas y cargar niños famélicos y olorosos. Bueno fuera que aprendieran de la “Nueva Derecha” chilena y se pongan a pensar. No duele.