| EXHIBICIÓN DE PODERÍO BRASILEÑO. |
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| Written by César Gutiérrez Peña | ||
| Mar 11, 2010 at 06:06 AM | ||
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Los líderes de opinión de Occidente han manifestado en más de una oportunidad su desconcierto por la política exterior de los brasileños, y la semana pasada esta percepción se acentuó ante la posición discrepante del Presidente Lula, a imponer más sanciones contra Irán, en línea con su Cancillería. La postura fue tan enfática, que el anuncio público se hizo nada menos que durante la visita a Brasilia, de la Secretaria de Estado estadounidense Hillary Clinton, promotora de la mano dura a Teherán. La lista de actuaciones polémicas de Itamarati, no es nada corta, cito tres ejemplos muy trascendentes: el apoyo a la candidatura de la dirección general de la Unesco, del ministro egipcio, Farouk Hosni, cuestionado por declaraciones prestadas a medios de comunicación, afirmando que quemaría en su país, libros escritos en hebreo; el reciente asilo en la embajada de Brasil en Tegucigalpa del ex Presidente Manuel Zelaya, cuya destitución fue materia de una gran división de opiniones a nivel internacional y la visita del controvertido mandatario iraní, Mahmoud Ahmadinejad, al país de la samba en noviembre del año pasado. En todos los casos los propagandistas de la política carioca han sido: el Presidente Lula y el Canciller Celso Amorín, es decir el poder político de turno y el representante del institucionalismo de las relaciones exteriores. No hay lugar a dudas, responde a una visión de largo plazo. La reflexión es que ningún país latinoamericano, que convive con la globalización y el “establishment”; ha exhibido tanta independencia en su política exterior, tal vez México podría haber sido el que tomara una postura similar, pero es inimaginable que Felipe Calderón, vaya a hacer por lo menos uno de los gestos que han sido digitados desde Brasilia. Dos períodos gubernamentales del líder del Partido de los Trabajadores, han servido para afianzar la ubicación de liderazgo que le corresponde a su país; por la extensión de su territorio, por el elevado número de habitantes y por el tamaño de su economía. Quedan con la autoestima bien en alto; antítesis de los jefes de estado de la región, que se desvelan por no molestar a los americanos y aliados, así tengan que colisionar con los intereses nacionales.
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